¿Alguna vez has mirado el cielo, has visto que estaba nublado, cogiste el paraguas para salir a la calle y te preguntaron: “¿por qué llevas paraguas si no está lloviendo?”? Yo también lo llevo y digo: “es por si acaso, parece que va a llover de un momento a otro”. Y lo peor es que después hace un calor y una sequedad tremendos y hay que cargar con el paraguas. Hay un hombre que se merecía un espacio dedicado en el programa de 1000 maneras de morir. Ésta es la historia de Georgi Markov.

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Georgi Markov, “el Pinchado”. Fuente: BBC News.

Este hombre nació en una época en un país en mala situación política: Bulgaria. De 1954 a 1989 gobernó Todor Zhivkov que era comunista (como Stalin). A Georgi no le hacía ni la más mínima gracia tener que soportar ese régimen, así que se desplazó a Gran Bretaña, EEUU y Alemania Occidental (recordad que estaba separada ésta última) y trabajó de periodista. Podría haber trabajado para la revista El Jueves pero solo habría estado un año. Todor estaba hasta los mismísimos de que Georgi criticara al régimen comunista y decidió hacer algo: zap. Que en inglés significa ‘eliminar’. Llamó a los superagentes soviéticos: el KGB. Que es como la CIA pero en la URSS.

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Todor Zhivkov, “el Harto”. Fuente: Biografíasyvidas.com

El Sr. Markov mientras estaba esperando en una parada de bus en Inglaterra un hombre pasó con “acento extranjero” -según dijo al médico-, que se disculpó tras haberle… ¡¡¡¡¡¡pinchado con un paraguas en la pierna!!!!!! Siempre que nos hacemos una heridita nos dicen que nos pongamos Betadine o agua oxigenada y en casos muy desesperados, alcohol 96. Esto sirve de antiséptico, ya que al hacerse una herida, pueden entrar microorganismos. Pero como ya te hayan metido mierder en el cuerpo, no hay nada que hacer. El agente Piccadilly que, era italiano (increíble, no era ruso) era el sospechoso que le había pinchado. Le provocó un ardor (no estomacal) en la pierna que le formó un grano rojo. Tras su muerte por envenenamiento, le hicieron la autopsia y… ¡surprise, era ricina! En un perdigón que requería gafas para verlo de lo pequeño que era, compuesto por platino e iridio había un recubrimiento de algo azucarado que ingeniosamente se fundía a temperatura corporal (36,5ºC) y soltaba el veneno para ser absorbido por la sangre. Lo curioso es que a pesar de haber sido rozado por el paraguas, ¡éste no le causó la muerte! Se cree que era una arma muy sofisticada y muy discreta de aire comprimido la que le disparó en la pantorrilla de Markov y estaba camuflada como un paraguas. Pero, oye, que aún así costó tres veces matarlo. Y no fue el único: un tal Kostov también fue (casi) eliminado en París por otro hombre pero no llevaba un paraguas. Lástima que la bala estaba defectuosa y solo le provocó una fiebrecilla por una poquita ricina.

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La bala de ricina, “el Asesino” (sólo cumplía órdenes). Fuente: Getty Images.

Ahora, ¿qué es la ricina? Es una proteína que se extrae de las semillas de la higuera infernal, un arbusto. Y lo más cruel es que detiene la producción de proteínas en los ribosomas de nuestras células. Esto causa lo siguiente: dolorcín en la barriga (concretamente en el abdomen), diarrea y potas. Por si no te fuera suficiente, te deshidratas y te baja la tensión mucho.

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Higuera infernal. ¿A que os apetece darle un bocado? Fuente: Binipatia e higienismo.

A aquella historia se le recuerda como “El asesinato del paraguas” y al arma “paraguas búlgaro” pero no os preocupéis: si sospecháis de que alguien os “ha rozado” con un paraguas con ricina, podéis estar tranquilos porque ya la conocen mejor y saben cómo rebajar sus efectos. (Aunque morir será seguro).

La imagen destacada es un modelo que se encuentra en el “Museo Internacional del Espionaje” en Washington DC.