Hoy empiezan los JJOO de Tokio 2020. Y me gustaría contaros un relato relacionado con la electrónica, sobre algo que pasó en los JJOO de México 1968. Esta es la historia del atleta que batió su propio récord (aunque en realidad no lo hizo). Vamos con esta historia.

Hacer mediciones en deporte con exactitud, sobre todo en atletismo, es algo muy importante no solo para saber quién es el ganador de una competición, sino también por el goce de los récords: ostentar un récord por un tiempo siendo el más rápido del planeta (que se conozca) no es algo para pasar por alto. Y la electrónica tiene mucho que ver porque ha introducido avances en el atletismo. Hace mucho tiempo, la marca de una carrera la tomaban 3 personas, cada una con un cronómetro manual (ojo, mecánico) y conocidas por el atleta. Es decir, cada atleta tenía a 3 personas oficiales cualificadas que medirían su tiempo.

Cronómetro manual usado en los primeros JJOO modernos. Fuente: journal.hautehorlogerie.org/en/time-measurement-and-the-olympics

Como os podréis imaginar, no era muy fiable este método por varios motivos. Las piezas mecánicas conllevan un desgaste y se depende de los reflejos humanos. Además, se seguía el siguiente criterio: si los 3 daban el mismo resultado –> esa es la marca del atleta. Si 2 dan el mismo resultado –> esa es la marca del atleta. Si no coincide ninguno –> se coge el valor intermedio de los 3.  

Ahora dejadme que os explique unos conceptos sobre instrumentación para poder entender lo que viene después. Popularmente se dice que un aparato es “muy preciso” cuando te puede dar muchos decimales, pero lo cierto es que la precisión no es eso, al menos en instrumentación electrónica. Si cogéis una regla, ¿podríais decirme cuál es la cantidad más pequeña que se puede medir? Es 1mm. Eso es la resolución. Cuanto más pequeña sea la cantidad que se puede medir con un instrumento, más resolución tiene. La precisión se refiere a cuánto acierta cada vez que se mide en dar el mismo valor. Pues bien, los cronómetros manuales tenían una resolución de una décima de segundo. Su precisión dependerá de cuán viejo es y se tendría que averiguar con un proceso físico invariable, no con un corredor.

Báscula de precisión PCE-BT
Una báscula de precisión cualquiera con resolución 0.001 gramos. Fuente: pce-iberica.es/medidor-detalles-tecnicos/basculas/bascula-precision-pce-bt.htm

En 1968, un atleta llamado Jim Hines superó la barrera de los 10 segundos en un campeonato nacional en Sacramento obteniendo 9.9 segundos. Todo un logro ya que se creía imposible que un humano lo lograra. Aunque el cronometraje electrónico se llevaba usando en atletismo desde hacía muchos años (fue en los de Ámsterdam 1928 en los primeros), no era obligatorio y a veces se usaba como complemento, dando dos marcas, pero solo una era la oficial, con el manual. Todo eso, con una corrección debida al viento y el tiempo oficial que aparecía en la photo-finish.

Jim hines (100 metros) | MARCA.com
Jim Hines, probablemente llegando a la meta aquel glorioso día. Fuente: marca.com/atletismo/album/2018/09/16/5b9e535be2704e95a48b45c5_12.html

Unos meses después llegaban los JJOO de México DF. Y ocurrió algo insólito. Jim Hines lo volvía a hacer: obtuvo una marca de 9.95 segundos, batiendo el récord anterior que tenía su yo de hacía unos meses. Por cierto, su marca manual seguía siendo 9.9 s. A ver, ¿hace 9.9 s, más tarde logra 9.95 s y se le concede un récord? Esta decisión provocó un poco de polémica entre los jueces. ¿Significa 9.95 ser más rápido que 9.9? El problema de esto es que no se puede comparar cuando se han utilizado 2 sistemas con diferentes resoluciones. 9.9 es numéricamente lo mismo que 9.90 pero no representa lo mismo en la práctica.

Desde que un cronómetro manual marca 9.9 hasta 10 tienen que pasar 10 centésimas que no son cuantificables. Existe un error de incertidumbre al no saber cuál es el valor real de una medida. Queremos una alta resolución, pero la tecnología nos lo impide. Y, aun así, una resolución infinita sería absurda e irrealizable. Puede que, en el torneo nacional, Hines hiciera 9.91 o tal vez 9.97, pero eso es algo que ni se podía saber ni interesaba porque el límite era el que era. También estaba el más que posible error humano por reacción. Ante todo este follón dijeron: “vamos a poner como nuevo récord el 9.95 de Jim Hines y a partir de ahora los nuevos récords se batirán cuando se baje al menos a 9.94 s, pero vamos a conservar por ahora el cronometraje manual”.

Calvin Smith batiendo el récord en 1983 con 9.93s. Ojo, no era un récord olímpico pero sí se consideró mundial.

Lo que hace tan especial a esta historia es que hasta 1983, cuando ya era obligatorio y exclusivo el sistema electrónico con centésimas de segundo, no se midió con esto para ninguno de los corredores que hizo una marca manual de 9.9 segundos después de Hines en el 68, al no tratarse de competiciones olímpicas. Empezó a ser obligatorio en 1977.

Como veis, a veces las cosas son muy complicadas. Jim Hines obtuvo un récord por una decisión que suscitó polémica entonces pero se convirtió en el hombre más rápido sobre la Tierra durante 15 años, al no haber nadie que hiciera 9.94 segundos o menos. Hasta aquí este relato.

Fuentes: Pifias Matemáticas. Matt Parker. 2020.

https://en.wikipedia.org/wiki/Men%27s_100_metres_world_record_progression

https://en.wikipedia.org/wiki/Jim_Hines

https://en.wikipedia.org/wiki/Fully_automatic_time

*La imagen destacada es de “blogs.20minutos.es/quefuede/2014/03/28/quien-fue-jim-hines-el-primer-hombre-que-rompio-la-barrera-de-los-10-segundos-en-los-100-metros/”